Latinoamérica | Relación entre minería ilegal y mercurio en debate

El pasado martes 17 y miércoles 18, en un hotel de la ciudad de Lima, se realizó una serie de conversatorios que tuvo como tema central la relación entre la minería ilegal y el empleo de mercurio para su producción.

El encuentro, denominado Taller de Cooperación Regional para Apoyar los Planes Nacionales de Acción para la Minería de Oro Artesanal y de Pequeña Escala (ASGM), se realizó en el marco de los países latinoamericanos suscriptores del Convenio de Minamata: un tratado mundial, jurídicamente vinculante, en torno al uso y abuso en la comercialización de mercurio.

La inauguración del taller estuvo a cargo del ministro del Ambiente de Perú, Manuel Pulgar-Vidal. Para el ministro: “Tenemos que pensar en el efecto que el mercurio podría dejar a las futuras generaciones de Madre de Dios (una región de la Amazonía peruana) cuyo nivel en la sangre supera lo permitido. Por ello, la riqueza de hoy no debe implicar la pobreza del mañana”.

“La minería en pequeña escala nos enfrenta constantemente al dilema del desarrollo económico, pero los países tienen la opción de promover las inversiones de diferentes formas y siempre bajo reglas ambientales”, dijo.

Por su parte, el embajador de los Estados Unidos en Perú, Brian A. Nichols, expresó el interés de su país en la reducción del uso del mercurio por tratarse de una amenaza global, pues EEUU es uno de los primeros 10 países en ratificar el Convenio de Minamata.

En el taller también participó Liliam Ballón de Amézaga, el representante del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, Jordi Pon, y la líder del Área de ASGM del PNUMA, Susan Keane.

Entre los expositores estuvieron representantes de los gobiernos de Perú, Colombia, Ecuador, Brasil y de los Estados Unidos de Norteamérica, así como representantes de diversas ONGs y de la sociedad civil.

DE MINAMATA A SUDAMÉRICA

El gran objetivo del Convenio de Minamata es el de proteger la salud humana y el ambiente de las emisiones y liberaciones antropógenas de mercurio y sus compuestos.

Durante el taller se analizó la relación de los país latinoamericano con la actividad minera del oro, de manera artesanal y a pequeña escala, y los avances en relación a la implementación de sus Planes de Acción Nacionales, en virtud del artículo 7 del convenio.

En el caso de Perú, se resaltó que las normas peruanas facilitan la adopción del convenio de Minamata en tanto que hay una lucha contra la minería ilegal que tiene sustento normativo así como acciones de interdicción. Además, hay un trabajo conjunto a nivel binacional (Colombia, Bolivia y Brasil) así como un trabajo con la CAN y la OTCA.

Por su parte Brasil reflejó que el escenario minero del país ha cambiado. La producción minera se centró hasta 1991 en la minería de pequeña escala, y a 2013, en la minería industrial (o de gran escala). En el caso de la PM y MA, los actores acceden a una licencia distinta de los títulos mineros otorgados para las grandes compañías mineras.

En cuanto a las estrategias de reducción de mercurio en la PM y MA, tienen un gran desafío en el tema de la organización de los garimperos debido a dificultades encontradas en este pequeño negocio relacionados con su pobre tecnología y poco entrenamiento para su manejo, acceso a la información y acceso apropiado a créditos. Mencionaron que para ello, las cooperativas pueden ser la mejor opción pero no la única.

Finalmente, es interesante que los países tengan un alcance de trabajo multisectorial y de alto involucramiento de los distintos sectores de gobierno, contando con una base jurídica nacional establecida en sentido acorde a los objetivos del convenio. Colombia es el país que cuenta con una mayor actividad política y normativa en ese sentido.

El Convenio de Minamata es especialmente importante para la región latinoamericana debido al alto consumo de mercurio en las actividades de pequeña minería (PM) y minería artesanal (MA). Cifras que datan de 2010 expresan que durante ese año se consumieron 120 toneladas de mercurio en Bolivia, 45 toneladas en Brasil, 180 toneladas en Colombia, 50 toneladas en Ecuador, 70 toneladas en Perú y 15 toneladas de mercurio en Venezuela.

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